lunes, 7 de junio de 2010

EXPRESIONES COMPORTAMENTALES DE LA SEXUALIDAD

Expresiones comportamentales de la sexualidad (ECS)

En la especie humana hay una gran cantidad de condiciones que pueden propiciar la excitación sexual. Las más evidentes tienen que ver con aromas, texturas, sonidos, miradas o movimientos; pero también resultan eróticamente efectivos recuerdos, fantasías o planes.

Nuestra especie es, sin duda, la que presenta mayor diversidad en las formas de estimulación sexual, y éstas no dependen de las posibilidades de reproducción biológica. A diferencia de otros animales, nos excitan muchísimas condiciones que no implican posibilidades de iniciar un embarazo; Kinsey calculó que sólo uno de cada 900 ‘actos’ produce un embarazo.

Algunas ECS son muy generales, es decir que la mayoría de las personas responden positivamente, mientras otras formas de estimulación pueden ser muy peculiares e infrecuentes.

Situaciones que resultan muy estimulantes para alguien pueden ser absolutamente indiferentes, o aún molestas, para otra persona; puede haber cambios con la edad, y también es posible que los estímulos efectivos con cierta pareja o en una circunstancia no lo sean en otro momento.

Algunas formas de estimulación erótica pueden ser desconocidas para la persona misma. En un mundo dominado por el estoicismo es poco aceptado que las personas investiguen propositivamente sus posibilidades de estimulación porque el placer, en especial el placer sexual, suele causar rechazo y culpa.

Muchas ECS se presentan solamente en el nivel de la fantasía. En la mayoría de los casos las fantasías tienen mayor contenido erótico que su realización, sobre todo cuando son actividades extrañas o que implican la participación de otras personas; por ejemplo: planear e imaginar una orgía puede ser mucho más estimulante que estar en ella, pues las personas reales harán lo que deseen y no lo que la fantasía dicte.

Placer o reproducción

Gran parte del miedo y el rechazo a la diversidad de formas posibles de estimulación sexual se debe al prejuicio reproductivista, que es una faceta del estoicismo presente no sólo en profesionales de la salud sino en personas con formación en otras áreas del conocimiento que tienen relación con interacciones humanas como la abogacía, psicología, pedagogía, ministerios religiosos, etc.

Sin duda puede ser placentero tener descendencia biológica y esa puede ser la motivación de la actividad sexual en algunas personas. Pero la actividad sexual humana no está centrada en la posibilidad de reproducción. En las otras especies animales sólo hay posibilidades de excitación sexual, en los machos, cuando está cerca una hembra potencialmente reproductiva (que recientemente ha ovulado o está a punto de ovular) y las hembras solamente se excitan en este periodo. La actividad sexual animal está limitada a la presencia de estrógenos.

En nuestra especie la excitación sexual no depende de los estrógenos. Algunos datos indican que en las mujeres pueden tener efecto inhibitorio (‘paradójico’ dicen en el ámbito médico) en lugar de propiciar la excitación[1] como normalmente ocurre en otros mamíferos.

Un rasgo estoico muy insidioso[2] en la cultura actual es reducir la sexualidad a las actividades potencialmente reproductivas; por ejemplo, los conceptos ‘desviación sexual’ o ‘perversión’ se refieren, en el esquema psicoanalítico, a la actividad sexual no reproductiva.

Desde el origen de la especie humana (y antes, sin duda), la experiencia sexo-erótica está asociada al placer. Los más antiguos tratados sobre sexualidad humana[3] incluyen diversos consejos para incrementar el placer sexual, propio y de la pareja: la búsqueda de placer es la parte humana de la sexualidad, la reproducción biológica es su parte animal.

Parafilias

A veces las personas se asustan frente a sus fantasías, deseos o prácticas eróticas o ante alguna sugerencia de sus parejas. Algunas de éstas buscan ayuda profesional a partir del susto. En el ámbito de la sexología médica, se denomina parafilias a las expresiones de la sexualidad cuando motivan una consulta.

‘Normalidad’

El adjetivo ‘normal’ se aplica a la actividad sexual cuando tiene alguna posibilidad de resultar en un embarazo; su uso no deriva de la ‘norma estadística’ sino del sometimiento a normas sociales. En la especie humana ‘lo normal’, estadísticamente, es que la actividad sexual no resulte en embarazos. Lo normal es que produzca placer.

La sexualidad humana es diversa; tiene múltiples formas de expresión que no conducen a la reproducción biológica. Los intentos de reducir esta diversidad han sido fracasos que orillan a parte de la población a vivir total o parcialmente en la clandestinidad, simulando ‘normalidad’. La represión invisibiliza la diversidad real, no la reduce.

Desde los 80’s, muchas conductas antes consideradas ‘anormales’ se recomiendan porque evitan contagios, en particular del VIH, y embarazos.




[1] La excitación sexual en las mujeres es significativamente mayor en los días infértiles: En la extensa investigación del Instituto Kinsey, el 72.2% dijo que se excitaba con mayor facilidad antes, durante y después de la menstruación en diferentes combinaciones. Las que dijeron excitarse más cerca de la ovulación solamente fueron el 3.7% (dijeron que 'se excitaban más entre dos menstruaciones'). Otras no encontraron relación y el 16.1% incluyó los días fértiles y otra fase del ciclo: Gebhard, & Johnson. 1979. p 146.

[2] Aparece originalmente en prescripciones religiosas; de ahí pasa al ámbito legal, al sistema médico y al 'sentido común', que es la naturalización de los prejuicios.

[3] Como el Kama Sutra, el Ananga Ranga, el Tao del Sexo y del Amor, etc. No sabemos si hubo textos equiparables en mesoamérica pues la destrucción sistemática que realizaron los europeos fue más exitosa, pero lo más posible es que si los hubiera.